Apuros masculinos sobre el amor.

12 Causas Feministas

Tradicionalmente las mujeres han tenido que ofrecer sexo para conseguir afecto, y los hombres han tenido que dar o fingir amor para obtener sexo.

Como nos recuerdan desde la iniciativa 12 Causas Feministas para un 2013 menos machista: Cupido, el amor romántico, cuando menos atonta, y en el peor de los casos mata.

Denunciar las falacias patriarcales que fundamentan nuestras arcaicas ideologías preponderantes en torno al amor, es la causa que se nos propone  a lo largo del mes de febrero. Con tal motivo quiero compartir algunos apuntes de un libro, lamentablemente agotado, del ya fallecido sociólogo valenciano, Joseph-Vicent Marques y que me ha resultado esclarecedor para entender, entenderme y hacer frente a mis deformaciones de socialización patriarcal. Se trata de su Curso Elemental para Varones sensibles y Machista recuperables, en el que dedica su lección Quinta a las dificultades del amor.

PortadaCursoMarques0001El autor parte por denunciar la “soez tacañería” de nuestro lenguaje a la hora de designar los sentimientos a fin de delimitar la materia de la que habla. Así, más allá del amor a Dios, a los animales, a las filiaciones paradeportivas o sentimientos patrióticos, la  experiencia amorosa a la que nos referimos son aquellos sentimientos de afecto positivo que nos llevan a querer disfrutar del sexo con una persona, a querer compartir la residencia con ella, o a ambas cosas.

Y es que, como subraya el propio Josep: amor, sexo y convivencia son cosas distintas aunque se presentan juntas. La atracción sexual, para bien o para mal, se da dentro y fuera del terreno del amor. La convivencia, por su parte, tiene que ver con el amor, pero básicamente con la compatibilidad de caracteres y las formas de utilizar un comerdor-salón, una cocina o un cuarto de baño únicos. El amor consiste en amar pero se manifiesta en actividad o en inactividad sexual, y en gestos de buena o de mala convivencia.

Coherente con el objetivo pedagógico de su obra, Josep realiza su exposición a partir de las quejas más frecuentes de las mujeres respecto del colectivo masculino en materia amorosa. No sin antes compartirnos algunas de las ideas básicamente estúpidas que sustentan la filosofía amorosa con la que hemos sido educadas, mujeres y hombres, y estrechamente relacionadas con  los rasgos del amor romántico que denuncias las voces feministas, y según los cuales: 1) no hay más de tres o cuatro tipos de amor: familiar (entre parientes), de enamoramiento para casarse, y platónicos (irrealizables); 2) lo demás son amoríos, pasiones funestas o confusión entre el corazón y la entrepierna, 3) se puede graduar a quien se quiere más, como si el sentimiento tuviese un factor único; 4) si uno se enamora o se casa, cualquier otro amor desaparece o se convierte en amenaza, y 5) el enamoramiento conduce al matrimonio, donde el amor no desaparee sino que se transforma en otra cosa más tranquila y profunda (al parecer, compatible con los bostezos y las bofetadas).

Se trata de una visión reduccionistas, sin duda, pues busca contener la diversidad de formas —clases de amor, dice Joseph— en las que puede expresarse un sentimiento a lo largo del curso de vida, y en el cual suele experimentarse el amor de distintas maneras con cada pareja, e incluso dentro de cada relación según la época.

Ahora bien, aun cuando se compartan estas ideas generales y absurdas por hombres y mujeres sobre nuestros vínculos amoroso, se nos transmiten de forma  distinta. En pocas palabras: a los hombres se nos previene contra el amor, mientras que entre las mujeres se realiza una propaganda desmesurada sobre el mismo.

En el primer caso, y mediante leyendas del tipo Adán y Eva, Sansón y Dalila, o Circe y Ulises, o historias sobre guerras, tronos y reinos perdidos por culpa de funestas intervenciones femeninas, se nos previene ante un sentimiento que en su forma básica se presenta como desbordamiento, y que suele relacionarse con actitudes como la confianza, el abandono, la dulzura, la entrega y la contemplación, todas ellas identificadas “oficialmente” como femeninas. Al tiempo de exigírsenos imitar la dureza y la fuerza propias del modelo masculino, y someternos a una sobre estimulación en torno al ejercicio de nuestra sexualidad en términos exclusivamente genitales, como vías de “conquista” sobre personas supuestamente inferiores y reafirmación personal. En resumen, los varones más que educados sobre el amor, somos vacunados en contra de él, dando como resultado nuestra tendencia a reprimirlo, a negarnos a nosotros mismos que amamos, a ponerle límites al sentimiento y a expresa poco y mal nuestro amor o nuestros amores.

Por su parte, a las mujeres en su educación tradicional son conformadas como seres no para sí mismas ni para la interacción social, sino para otros: en un primer momento para la madre y el padre, más tarde para el marido y los hijos; personas a las que debe dar amor y de quienes espera recibirlo.

El gran logro de su vida será conseguir el amor –o algo que se parezca— y su gran frustración será no encontrarlo. Hiperestimuladas hacia el amor, se les enseña a confundir amor con matrimonio y a idealizar a la pareja y al sexo; al tiempo que se les brinda una coartada embellecedora y unificadora de las diversas servidumbres, dominaciones o dependencias a las que se les someten. Todo en tanto pruebas de amor y en cumplimiento de su supuesta vocación amorosa.

Nosotros, prevenidos hacia el amor y ellas amoradictas, así nos va. Como lo ha señalado María Martín, Coordinadora de Especialistas en Igualdad, y representante en España de AMAN en sus vueltas con el amor: “Celebramos un amor anticuado, generador de relaciones de dominación y sumisión, que entrega los cuerpos de las mujeres a decisiones ajenas a ellas y anatemiza los de quienes, hombres y mujeres, se alejan de la sexualidad tradicional”.

Las conclusiones y ejercicios que nos propone Josep-Vicent al colectivo masculino son puntuales:

  1. Empezar por reconocer nuestro amor, como primer paso para reflexionar sobre él y actuar coherentemente.
  2. Desarrollar el amor, en sus diversas dimensiones inerpersonales: a las amistades, con nuestra compañera, hacia hijas e hijos. A fin de no acabar amando al gerente de la empresa en la que trabajamos, o al más reciente ganador del balón de oro.
  3. No alarmarnos antes nuestra incomodidad con el amor ni ante la aparente facilidad de ellas ante el asunto. No tiene nada  que ver con ninguna propiedad biológica o metafísica de las mujeres, es producto de una determinada educación patriarcal al servicio de los hombres.
  4. Si amas, dilo, exprésalo. No seamos tacaños.  Mírela y dígale algo, aunque la primera vez sea solo “patata” ya progresará.
  5. Si no ama, no se excuse ante el silencio. Nuestra pareja tiene el derecho a saber por dónde andamos sentimentalmente.
  6. Tenemos el derecho a que no se nos exijan precisiones o compromisos que, honestamente no podemos dar. Es mejor aclararlo, sin olvidarnos de expresar verbalmente lo que sentimos por nuestra pareja.
  7. Niéguese a continuar la rueda de simulación (ese desigual intercambio de expectativas en las transacciones de amor por sexo, y de sexo por amor). Ni las mujeres están pidiendo a gritos que se les ame de por vida y con anillo, ni usted, probablemente, deja de estar necesitado de afecto cuando sólo cree tener urgencia sexual.
  8. Arriésguese. Si le da miedo el amor, sumérjase en él, no sea cobarde. ¿No que no debemos temer a nada? Para bien o para mal casi todo el mundo sobrevive a la experiencia y más muerte en vida ha producido la costumbre o el miedo que el amor.

Para finalmente extendernos una invitación:

9. No se asuste de amar a una mujer inteligente. Sólo muerden a los cretinos, y doy testimonio de que si somos capaces de renunciar a los privilegios y autopercepciones megalómanas de sentirnos con derechos sobre ellas que nos inculca el patriarcado, podremos sentirnos estimulados a ensanchar nuestras habilidades de comprensión y vinculación humanas.

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Acerca de hispamex

errado errante
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12 respuestas a Apuros masculinos sobre el amor.

  1. jojojojojo dijo:

    GENSANTA ES COMO SI LO HUVIERA ESCRITO UNA NINIA DE PARVULITOS.

    • hispamex dijo:

      Para que gritar? Jojojo, (el uso de mayúsculas, ya sabes ¿o no?) ah, sí supongo que el protagonismo invasivo como estrategia reactiva que nos inculcan para sentirnos “hombres de verdad” ha dejado huella en tus formas, evidentemente. Es una verdadera lástima que tu comentario se limite a la forma y no al fondo de la cuestión. Como sea, confirmas mi intención didáctica, y de empatía con mi lado femenino que me dictaban escribir la entrada; así que te lo agradezco. Por cierto para parvulitas eso de escribir “hubiera” con “v” y niña con doble ene,… ¿no será la mirada lectora la que se proyecta en el comentario? Solo te recomiendo tener cuidado con las mordidas que puedas recibir. Saludos.

      • Natalia dijo:

        jajajaja mejor no lo hubieras podido haber respondido a “jojojo”… Muy buena reseña del apartado del libro, me gustaría tenerlo y poder devorarmelo completo… me gustó en general el artículo aunque me hubiera gustado un poco mas de profundización y la reflexión sobre el asunto… espero continuar leyendote

      • hispamex dijo:

        Gracias Natalia, vale la pena su lectura porque no paras de reírte y de vernos retratadas en las irónicas descripciones que hace Josep, de hecho en el enlace que incorporo en el nombre del libro creo que se puede conseguir de segunda mano. El tema da para mucho, efectivamente, y seguro que a lo largo del año tendremos la oportunidad de profundizar en otras dimensiones del asunto, será un honor el que lo hagas. Un saludo.

  2. Angela M. Tobòn C. dijo:

    Totalmente de acuerdo con la respuesta a “Jojojo pesima ortografia” no entendiò el fondo y sobre la forma… ya vimos que tiene poco que aportar. Agradezco la mirada desmitificadora y las propuestas concretas… hè tenido que morder a algunos cretinos y cretinas pero hay cada vez mas personas interesadas en un mundo mas justo y feliz.

    • hispamex dijo:

      Gracias por tus palabras Ángela y si, ese tono desmitificador, irónico y de propuestas concretas fueron las que más me agradaron de la lectura de la obra de Josep, al tiempo de facilitarme reponerme de los batacazos que nos lanza, con justa razón, a quienes hemos tenido la “suerte” de nacer “de este lado” en la desigual relación a la que pretende avocarnos el patriarcado.
      Tejiendo redes, que es lo que intentamos, seguro que logramos impulsar cambios de calado, prácticos, cotidianos, y no solo accesorio, periféricos o pseudoigualitarios. Nos acompañamos, ¿no? U saludo.

  3. En la parte que me corresponde, muchas gracias. Un artículo bien elaborado, con una visión fresca y constructiva. ¿Crítica? Por supuesto, el mundo no se cambia desde la complacencia.

    • hispamex dijo:

      No puedo estar más de acuerdo contigo Especialista, y personalmente procuro mantenerme alerta sobre mis incongruencias e inercias cotidianas, pero eso si con terencia: ternura y paciencia pues no se reinventa uno de la noche a la mañana. Me estimula e impulsa, además, practicar el activismos comunitario y en red a favor del empoderamiento de las mujeres y el desempoderamiento del colectivo masculino. En febrero, tocaba el amor y quizás la exploración de sentimientos conlleva siempre cierta complacencia. El error es quedarse en ese nivel “humoral” del asunto, sin reconocer y adentrarse por las relaciones de opresión, subordinación y explotación que encierra y conlleva ese particular “imaginario amoroso”. Vuestra compañía también me ayuda a no perder el rumbo, y os lo agradezco de todo corazón.

  4. Tamberlick dijo:

    Me alegre no estar solo en la reivindicación de J V Marqués, Aprovecho para recomendar su libro “¿Que hace el poder en tu cama?”, Editorial Icaria, también, ay, agotado.

  5. Gracias Mario, parece un libro interesante, según se desprende de tu artículo. Es una pena esté agotado, serviría de reflexión a muchas . Me ha gustado mucho este párrafo, comparto su explicación-diferenciación, “amor, sexo y convivencia son cosas distintas aunque se presentan juntas. La atracción sexual, para bien o para mal, se da dentro y fuera del terreno del amor. La convivencia, por su parte, tiene que ver con el amor, pero básicamente con la compatibilidad de caracteres y las formas de utilizar un comerdor-salón, una cocina o un cuarto de baño únicos. El amor consiste en amar pero se manifiesta en actividad o en inactividad sexual, y en gestos de buena o de mala convivencia.”.
    Un beso

    • hispamex dijo:

      Gracias por tus palabras Nieves, efectivamente creo que desenredarnos de esas superposiciones impuestas por el patriarcado, aun sin ser nada sencillo, resulta necesario para el establecimiento de relaciones más plenas y menos asfixiantes. Otro, para ti.

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