Traiciones patriarcales a la ilustración. I / V

Términos de un debate inconcluso.

en García Canclini, N. Culturas Hibridas, Grijalbo p 207.

Carmela Martinez a partir de “La libertad guiando al pueblo” de E. Delacroix.

Esta es la primera de una serie de cinco entregas que abordarán lo que me atrevo a definir como la emergencia del patriarcado moderno.

Si bien la opresión del colectivo femenino por parte del colectivo masculino parece ser una constante histórica, sus rasgos actuales son singulares y responden a discursos y decursos históricos de personajes concretos. De la mano de diversas autoras y en especial siguiendo el magnífico texto de Cristina Molina (1994),  Dialéctica feminista de la ilustración, es posible dar cuenta de las traiciones patriarcales a los postulados ilustrados.

Al feminismo se le ha reconocido como heredero directo de los conceptos ilustrados al tiempo que se le define, en una de sus vertientes más difundida, como un movimiento ilustrado él mismo.

Cuando hablamos de ilustración es preciso tener en cuenta que nos referimos a un amplio espectro de ideas, en ocasiones difusas, que se expresan en autores y polémicas de los ss. XVIII y XIX. No se trata de un pensamiento sistemático ni uniforme. La ilustración puede verse como una larga polémica acerca de diversas y difusas categorías: libertad, igualdad, contrato social, legitimidad del orden político, individuo, riqueza, naturaleza, historia, religión… y bastantes otras. Lo que hay en común entre autores ilustrados es que tratarán esa tópica, pero sus respuestas no serán por lo común homogéneas.

El feminismo ha sido reconocido como una de las marcas de esa ilustración (Valcárcel, 1997 ), e incluso como conquista ilustrada. Ahora bien, con el término “feminismo” se suele apelar al menos a dos fenómenos estrechamente relacionados pero inconfundibles: por un lado, como “teoría feminista” que supone una crítica de las ideas y los modelos que se tienen sobre la mujer, y segundo, como movimiento organizado de mujeres dispuestas a transformar su particular situación de opresión.

Aquella crítica y estos movimientos han asumido, sin embargo, diversas estrategias teóricas y de acción a lo largo de su historia. A veces afirmando la igualdad entre hombres y mujeres, en otros casos, por el contrario, afirmando la superioridad de los modos de vida de las mujeres como fuentes de realización humana, e incluso declarando la necesidad de alejarse del mundo de los hombres a fin de recrear la vida y la sexualidad en hermandad femenina.

Sea mediante la igualdad, la diferencia o la separación,  a lo que se enfrentan los feminismo es a la identidad alienada de la mujer tal y como la definen los hombres y tal como se conserva en la familia patriarcal (Castells, 1999). En términos sintéticos el patriarcalismo se fundamenta en la suposición de que las relaciones jerárquicas de subordinación se siguen necesariamente de las características naturales de hombres y mujeres.

Así, y por sus fundamentos teóricos, el liberalismo y el patriarcalismo son doctrinas irrevocablemente antagónicas entre sí, dado que el primero es individualista, igualitarista, universalista y convencionalista.

Como fenómeno ilustrado, el feminismo hace sus primeras reivindicaciones teóricas en nombre de la universalidad de la razón. La obra de Mary Wollstonecraft Reivindicaciones de los derechos de la mujer, publicada en 1792 se esfuerza en atacar los prejuicios sociales de la época, que hurtaban a la mujer los derechos humanos proclamados por la instauración del nuevo orden burgués. Al mismo tiempo, los primeros grupos de mujeres que se organizaron en cuanto tales de cara a una acción concreta liberadora, se producen bajo las banderas de la Revolución Francesa.

Si la ilustración aboga por la Razón para espantar los fantasmas del mito, el feminismo en sus raíces ilustradas apela a esta misma razón para ahuyentar los fantasmas biologisistas y funcionalistas que se cernían sobre la mujer  confinándola a un destino único de esposa, madre, y complemento del hombre.

¿Cómo se da este confinamiento? ¿En qué términos el pensamiento ilustrado se traiciona a sí mismo a fin de promover, por un lado, una sociedad fundamentada en los principios de libertad e igualdad, al mismo tiempo que margina a la mitad de esta sociedad negándole su participación plena en la toma de decisiones colectivas?

En subsiguientes entregas se presentará un resumen quizás excesivamente sintético acerca de la forma en que tres de los autores más reconocidos como ilustrados, John Locke, J. J. Rousseau y John Stuart Mill llevan a cabo esta paradójica tarea.

Anuncios

Acerca de hispamex

errado errante
Esta entrada fue publicada en ensayo y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Traiciones patriarcales a la ilustración. I / V

  1. Lurpia dijo:

    que le jodan al Locke. Felicidades por tus escritos desenmascarando a estos pseudoilustrados. Besitos.

  2. Pingback: 25N Re-visiones feministas « Voces en Rebelión

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s